China volvió a encabezar el ranking de socios comerciales de la Argentina en septiembre, según el informe de Intercambio Comercial Argentino que el INDEC difundió el 19 de octubre. El intercambio bilateral sumó USD 2.803 millones y dejó atrás a Brasil, que quedó segundo con USD 2.581 millones. La Argentina le vendió a China USD 986 millones, un 23,8% menos que un año atrás —USD 309 millones menos—, y le compró USD 1.817 millones, exactamente lo mismo que en septiembre de 2025. El saldo fue un rojo de USD 831 millones en un solo mes. Y ocurrió justo en el mes del récord: las exportaciones argentinas totales superaron por primera vez los USD 10.000 millones (USD 10.036 millones, 23,5% arriba interanual) y la balanza general cerró con un superávit de USD 2.976 millones. En el mejor mes exportador de la historia, China fue el único socio grande que le compró menos al país.
La composición explica la asimetría mejor que cualquier promedio. Tres posiciones arancelarias concentraron el 75,5% de todo lo que la Argentina despachó a China: porotos de soja, carne bovina congelada deshuesada y carbonato de litio. Del otro lado del mostrador, cinco partidas explicaron el 21,7% de las compras argentinas al gigante asiático: automóviles de turismo, teléfonos celulares, motocicletas, computadoras y vehículos de carga. Grano, carne y mineral sin procesar en una dirección; bienes industriales terminados en la otra. No es una foto aislada: el Observatorio ya registró que BYD colocó 10.600 unidades en el mercado argentino en ocho meses sin tener una sola fábrica en el país.
El acumulado del año confirma la tendencia. Entre enero y septiembre, la Argentina le vendió a China USD 7.146 millones (9,6% más que en 2025) y le compró USD 13.047 millones (0,3% menos), con un déficit bilateral de USD 5.901 millones. China absorbe el 9,2% de las exportaciones argentinas y provee el 23,3% de las importaciones: casi un cuarto de todo lo que entra al país sale de fábricas chinas, mientras la contraparte argentina se sostiene sobre un puñado de commodities expuestas al ciclo de precios y a decisiones de compra de Beijing. Ese desbalance estructural es el que vuelve indispensable el swap de yuanes del Banco Central, el mismo instrumento que esta semana el ministro Luis Caputo mencionó como posible cobertura del programa financiero de 2027.
China llegó al primer puesto menos por mérito propio que por repliegue ajeno: las importaciones argentinas desde Brasil cayeron 19,2% y el intercambio con el principal socio del Mercosur se achicó. Estados Unidos, en cambio, le compró a la Argentina USD 1.011 millones en septiembre, un 38,9% más, y superó a China como destino mensual de las ventas argentinas, con un superávit de USD 379 millones a favor del país. En paralelo, otros gobiernos de la región eligen otra puerta de entrada para el capital chino: México acaba de habilitar arancel cero por cinco años para el ensamble local de autos chinos, y Brasil ya fabrica el primer vehículo de marca china de América en Paraná. La Argentina, por ahora, compra el auto terminado.
El primer puesto chino se construye sumando ambos flujos, y en esa suma el peso lo ponen las importaciones: China encabeza el ranking sobre todo por lo que le vende a la Argentina, no por lo que le compra. Mientras el país discute con Washington hasta dónde llega su relación con Beijing —puertos, bases, telecomunicaciones—, el vínculo real se juega en un terreno menos vistoso: tres partidas de exportación primaria contra un flujo industrial diversificado y sostenido. La pregunta abierta no es si China seguirá siendo un socio central, porque lo será. Es si esa centralidad va a traducirse alguna vez en algo distinto de un déficit de casi USD 6.000 millones anuales y un catálogo exportador de tres renglones.
