Fuente: Reporte Asia / Shale24
La inversión china en la Argentina tiene un agujero llamativo: en Vaca Muerta no hay un solo proyecto con capital chino directo dentro del RIGI. Un relevamiento de la consultora China Desk, difundido esta semana, contó seis iniciativas con capital chino presentadas al régimen por entre USD 5.000 y 6.000 millones —apenas el 3% del monto total ingresado, pero el 72% de lo presentado en litio y cerca del 30% de la minería—. En la cuenca neuquina, cero. Y sin embargo China ya está ahí: en septiembre, el Industrial and Commercial Bank of China (ICBC) y el Bank of China entraron en el préstamo sindicado de USD 900 millones que financia el gasoducto San Matías, la obra que va a sacar el gas de Vaca Muerta hacia los buques de licuefacción.
ICBC y Bank of China son dos de los grandes bancos estatales chinos y entraron al sindicato como participantes, no como estructuradores: ese rol quedó para Citi, J.P. Morgan, Santander e Itaú, y completaron el grupo de nueve entidades el BBVA, Bladex y Barclays. Del otro lado está San Matías Pipeline, el vehículo que armaron Pan American Energy (30%), YPF (25%), Pampa Energía (20%), Harbour Energy (15%) y la noruega Golar LNG (10%) para construir 472 kilómetros de caño de 36 pulgadas entre Tratayén, en Neuquén, y la costa de Río Negro. Capacidad prevista: 27 millones de metros cúbicos diarios. Finalización estimada: mediados de 2028.
La estructura explica por qué importa. Son USD 900 millones a siete años con tres de gracia sobre una inversión total de USD 1.300 millones: 69% deuda y 31% capital propio, bajo un esquema de project finance sin recurso cuya única garantía son los flujos futuros de los contratos de transporte de largo plazo. El proyecto adhirió al RIGI por Resolución 873/2026, con USD 454 millones computados el primer año y USD 501 millones el segundo, y plazo hasta el 31 de mayo de 2027. A eso se suma el otro canal silencioso: según el mismo relevamiento, China y Corea del Sur concentran casi el 46% de las importaciones de bienes de capital, acero y maquinaria que hacen los vehículos del RIGI en energía y minería.
El contraste con el resto del mapa es nítido. Donde China quiere el recurso, compra: Ganfeng Lithium controla el 67% de Pozuelos-Pastos Grandes, un proyecto de USD 3.000 millones cuya aprobación elevaría la participación china en la minería aprobada del 9,2% al 16,3%, y en Brasil BYD puso más de R$ 5.500 millones en Camaçari para unos 9.000 empleos, contra una estructura comercial de apenas 80 personas en la Argentina. Donde el activo ya tiene dueño —los no convencionales en manos de YPF, PAE y Pampa—, el capital chino entra por la ventanilla del crédito y del proveedor. Alejandra Conconi, directora de China Desk, lo resume: China «se está consolidando como el principal financista indirecto y proveedor de tecnología e insumos clave».
La ambigüedad es doble. Hacia afuera, el Gobierno exhibe un alineamiento con Washington que postergó misiones oficiales a China; hacia adentro, el capital chino no se retiró: cambió de forma y se volvió estadísticamente invisible. Un banco que presta no figura en los rankings de inversión extranjera directa ni activa alarmas de seguridad, pero cobra, fija condiciones y acumula información sobre la infraestructura exportadora más estratégica del país. Quedan tres preguntas abiertas. Quién mide esta exposición, si ningún registro oficial suma el financiamiento chino a la radiografía del RIGI. Cuánto dura la ventana, cuando los propios analistas del mercado se preguntan si el apetito internacional sobrevive a las elecciones de 2027. Y la más incómoda: si prestar sin ser socio le da a Beijing menos poder sobre Vaca Muerta, o simplemente un poder más barato y menos discutido.
