Inicio » Argentina » La casa llega en contenedor: módulos chinos desde USD 39.000 contra un metro cuadrado argentino de USD 1.500

La casa llega en contenedor: módulos chinos desde USD 39.000 contra un metro cuadrado argentino de USD 1.500

Vivienda modular prefabricada de origen chino instalada sobre un terreno

Fuente: La Nación / DangDai

La vivienda prefabricada china entró al mercado argentino por la puerta del consumo. Según un relevamiento publicado el 26 de octubre, las llamadas «casas cápsula» se consiguen desde unos USD 39.000 y trepan a USD 80.000 en las versiones mejor equipadas, mientras que los módulos convencionales —de entre 37 y 74 metros cuadrados— arrancan en torno a USD 40.000 y superan los USD 65.000. El argumento de venta no es solo el precio: el montaje se resuelve en unas horas o en uno o dos días, contra los meses que demanda una obra tradicional. Las unidades llegan con cocina, baño, climatización, aislamiento térmico y acústico y cerraduras electrónicas, y varios fabricantes permiten combinar módulos o reordenar la distribución interior. El fenómeno se concentra por ahora en la Costa Atlántica: Pinamar, Cariló, Villa Gesell, Mar de las Pampas y Costa Esmeralda.

Del otro lado del mostrador no hay un vendedor informal sino una de las industrias pesadas más grandes del mundo. China State Construction Engineering, la mayor constructora del planeta, opera a través de su filial China Construction Science and Industry una planta en Huizhou, Guangdong, cuya línea fabrica 50 módulos por día —unas diez veces lo que produce una planta comparable en América del Norte—, y un parque de China State Construction Hailong en Longgang, Shenzhen, que saca un módulo cada 20 minutos y tiene capacidad para 20.000 a 30.000 unidades de hormigón al año. Esa maquinaria exporta a Australia, América del Norte y Dubái. La contraparte argentina, en cambio, no es una empresa: son particulares, pequeños desarrolladores y compradores de plataformas que importan por cuenta propia, sin representación local ni red de posventa.

La comparación que explica el atractivo es aritmética. Construir en la Argentina cuesta hoy entre USD 1.500 y USD 1.600 el metro cuadrado en sistema tradicional —más IVA y sin el terreno— y entre USD 1.335 y USD 1.400 en construcción en seco, según relevamientos del sector de octubre. Un módulo de 74 metros a USD 65.000 arroja unos USD 880 el metro; uno de 37 metros a USD 40.000, unos USD 1.080. La brecha va del 28% al 40%. El punto es que ese precio es de fábrica: no incluye flete internacional, aranceles, despacho aduanero, traslado terrestre, descarga, fundación, conexiones de agua, electricidad y desagüe ni permisos municipales, que varían según la jurisdicción y chocan con los reglamentos internos de los barrios privados costeros.

El dato encaja en una secuencia conocida. En septiembre, la Argentina le compró a China USD 1.817 millones y le vendió USD 986 millones, 23,8% menos que un año atrás: un rojo de USD 831 millones en un solo mes. La región muestra el mismo patrón con distintos grados de institucionalización: México abrió el ensamble de autos chinos con arancel cero y BYD pidió permisos para duplicar su planta brasileña de Camaçari. La diferencia es que allí hay fábrica, empleo y una negociación de contenido local. Acá no: América Latina ni siquiera figura entre los mercados declarados de la construcción modular china, lo que sugiere que la Argentina no llegó por estrategia corporativa sino por importación hormiga.

Ahí está la ambigüedad. Para un comprador que no accede al crédito hipotecario, una casa entregada en un contenedor a mitad de precio es una solución concreta. Para el país, en cambio, esto no es inversión china: es importación de producto terminado que compite con el sector que más empleo formal genera, sin planta, sin proveedores locales y sin transferencia tecnológica. Quedan preguntas sin responder. Bajo qué norma se certifican estructural, sísmica y térmicamente estas unidades, y quién responde por la garantía cuando el fabricante está en Guangdong. Con qué posición arancelaria ingresan: vivienda, estructura metálica o contenedor. Y, sobre todo, si el volumen crece, qué va a hacer el Estado: tratarlas como política de vivienda accesible o como un frente más de la competencia asimétrica con la manufactura china.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba