Fuente: DangDai / El Cronista
Once empresas de Corrientes, Buenos Aires y Tierra del Fuego viajarán a Shanghái para la novena edición de la Exposición Internacional de Importaciones de China (CIIE), que abre del 5 al 10 de noviembre. La delegación va acompañada por el Consejo Federal de Inversiones y es apenas una porción del contingente: la participación argentina total supera las 33 firmas y, según fuentes del gobierno bonaerense, una de cada tres empresas que embarcan es de la provincia de Buenos Aires. La Cámara de Comercio Argentina para el Asia y el Pacífico estrena este año un stand propio. Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos analizan una misión conjunta de la Región Centro, todavía sin fecha, para después de las elecciones.
La contraparte no es una empresa sino el propio Estado chino. La CIIE es un invento del Ministerio de Comercio de Beijing que arrancó en 2018 y funciona como feria inversa: en lugar de exhibir lo que China vende, convoca al mundo a mostrar lo que quiere venderle a China, con el comprador fijando el calendario, los pabellones y la agenda de reuniones. «Ha sido algo inédito en el mundo la aparición de la CIIE y el resultado que ha tenido desde su primera edición», dijo a Xinhua Martín Lo Coco, director ejecutivo de la Cámara. Del lado argentino no hay una estrategia nacional articulada: lo que viaja es un mosaico de gobiernos provinciales, un organismo federal de crédito y cámaras empresarias que arman su propio stand.
Los números explican el interés provincial. Entre enero y agosto China compró productos argentinos por USD 6.155 millones, el 9,2% de las exportaciones totales, con una suba interanual del 17,8% que la deja como tercer destino del país. El crecimiento no viene solo de la soja: las manufacturas industriales subieron 187,1% y el rubro combustibles y energía 224,7% en los primeros ocho meses, aunque ambas partan de bases muy bajas. Lo que no avanza es la letra chica. Los empresarios esperan la firma de siete protocolos sanitarios vinculados a alimentos y agro, el trámite que define qué puede entrar efectivamente al mercado chino. Mientras esos siete siguen pendientes, el Gobierno nacional firmó el 14 de octubre un protocolo adicional con Estados Unidos para empujar al Congreso el acuerdo comercial bilateral.
El patrón se repite en la región: la CIIE convoca cada año delegaciones de Brasil, Chile, Perú y México que compiten entre sí por el mismo comprador, y los que llegan con habilitaciones sanitarias cerradas y logística propia se quedan con el volumen. La Argentina viene perdiendo esas carreras: Brasil le ganó el mercado chino de sorgo con 2,3 millones de toneladas en un solo año, y el cupo de carne vacuna que Beijing habilitó quedó embarcado apenas en un 63%. La diferencia no suele estar en el precio ni en la calidad, sino en la capacidad del Estado para completar protocolos, sostener agregadurías y llegar a la feria con una oferta ordenada en lugar de once empresas y tres provincias sueltas.
La escena deja una ambigüedad incómoda. Las provincias hacen lo que la geografía comercial les indica —buscar al cliente que crece 17,8% al año— mientras la Nación invierte su capital diplomático en Washington, y esa divergencia se vuelve política exterior de hecho, sin haber sido discutida como tal. La asimetría también es estructural: una feria diseñada por el comprador premia a los proveedores que se adaptan a su demanda y no obliga a nadie a comprar nada. Quedan preguntas abiertas: quién negocia los siete protocolos si la agenda oficial está en otra parte, qué pasa con los compromisos provinciales cuando choquen con un acuerdo nacional que privilegia otro socio, y cuánto de lo que se firme en Shanghái sobrevive al regreso.
