Fuente: Chequeado
El gobierno de Chubut anunció un centro de datos de inteligencia artificial en Trelew por USD 3.300 millones, el Atlas GigaHub, y entre los socios del proyecto aparece la china Envision Energy. El plan contempla 300 MW de capacidad de cómputo en 2029, 1.700 MW en 2031 y unos 3.000 MW hacia 2033. La desarrolladora arrendó unas 130.000 hectáreas a catorce propietarios, con un derecho de superficie de seis años de desarrollo y sesenta de operación. La energía no saldría del sistema interconectado nacional sino de una micro-red propia de unos 10 GW de eólica y solar, con baterías de ion-litio y 360 MW de motores a gas como puente. El pico de obra ocuparía entre 9.000 y 11.000 trabajadores; la operación, entre 500 y 700 puestos.
La cabeza del proyecto no es china sino polaca: Green Capital, cuyo capital controla íntegramente el empresario Michał Polanowski y que no tiene obras terminadas en la Argentina. En 2024 anunció una planta de hidrógeno verde en Comodoro Rivadavia que nunca se construyó y repitió anuncios parecidos en Santa Cruz y Escobar. El memorándum del Atlas GigaHub se firmó en la Embajada de Polonia junto a Schneider Electric, Wärtsilä, Ore Energy y Envision Energy, la pieza china del esquema. A Envision la fundó y dirige Zhang Lei, exdiputado de la Asamblea Popular Nacional, y controla el 80% de AESC, un fabricante de baterías de escala global. Según Green Capital, aporta su especialidad en «islas energéticas independientes»: justamente la micro-red que el datacenter necesita para no depender de la red argentina.
Ahí aparece el punto sensible. AESC integra la lista del Pentágono de compañías a las que Estados Unidos le prohíbe venderle por motivos de seguridad, un veto que llegó con la ley de defensa de 2024, y la One Big Beautiful Bill Act de 2025 incorporó a Envision al universo de «entidades extranjeras de preocupación» —junto a firmas de Rusia, Corea del Norte e Irán—, que pierden créditos fiscales. Del lado argentino, la empresa dice apoyarse en el RIGI por la estabilidad fiscal y el tratamiento aduanero de los equipos, y presentó el proyecto en el Global Gateway europeo. La provincia informó que hay un memorándum firmado, pero no difundió su contenido ni los volúmenes de agua y electricidad que el complejo va a demandar.
El patrón se repite en la región: los capitales chinos entran a la infraestructura digital latinoamericana por la puerta de la energía, donde el escrutinio político es más laxo que en telecomunicaciones. El embajador estadounidense Peter Lamelas presiona —dijo que «China exige a las empresas que le den al Estado chino acceso a cualquier dato que pasa por su tecnología»— y advirtió que el equipamiento de Huawei espantará inversores de Vaca Muerta. Chile y Brasil ya alojan centros de datos con proveeduría china en su cadena eléctrica y de almacenamiento; la Argentina llega más tarde y con menos reglas escritas. El RIGI premia el monto declarado, no el origen del capital, y ninguna norma obliga a revisar quién provee la energía de un centro de cómputo.
La ambigüedad es doble. Envision todavía no puso un peso: el proyecto busca financiamiento, con las negociaciones previstas para 2027 y la obra para 2028, así que el anuncio funciona más como carta de presentación que como inversión. A la vez, el único socio con escala industrial comprobada en ese memorándum es el que Washington tiene señalado, y es también el que resuelve el cuello de botella del negocio: los 10 GW aislados. Si el financiamiento llega, la Argentina habrá montado su mayor apuesta de infraestructura digital con un componente chino en el corazón eléctrico, sin haber discutido el agua, la tarifa ni el acceso a los datos. Si no llega, Chubut sumará otro anuncio al archivo, como el hidrógeno de Comodoro. La pregunta sin respuesta es quién auditará el proyecto cuando deje de ser un papel.
