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China se lleva USD 455 millones de la pesca argentina y controla el 63% de la flota calamarera

Buque de la Armada Argentina durante un operativo de control pesquero en el Mar Argentino

Fuente: Infobae / iProfesional

Las exportaciones pesqueras argentinas sumaron USD 1.677 millones entre enero y agosto de 2026, un 23,4% más que en el mismo período del año pasado, con 414.252 toneladas despachadas. El dato, difundido esta semana sobre la base de estadísticas del INDEC y de la Cámara de Armadores de Pesqueros y Congeladores de la Argentina (CAPeCA), esconde una asimetría que el titular de crecimiento no muestra: China fue otra vez el principal comprador individual, con USD 455 millones, el 27,2% de todo lo que el país vendió al exterior en el rubro y un 8,4% más que un año atrás. Asia en conjunto se llevó USD 689 millones y superó a Europa, que quedó en USD 593 millones. El calamar Illex, la especie más expuesta a la demanda china, facturó USD 480 millones, pero cayó 9,3% en valor y 7,8% en volumen. Lo que sostuvo el récord fue el langostino entero, que saltó 258,3% hasta USD 368,7 millones con España como destino principal.

Detrás de esas toneladas hay una estructura de propiedad que rara vez aparece en las planillas oficiales. Un relevamiento del especialista en conservación marina Milko Schvartzman estableció que 53 de los 84 buques poteros habilitados para pescar calamar dentro de la Zona Económica Exclusiva argentina responden a capitales chinos: el 63,1% de la flota. Solo el 17,9% queda en manos de capital argentino. Los nombres detrás de esas sociedades locales son los grandes conglomerados pesqueros del Estado chino y de sus provincias costeras: China National Fisheries Corporation (CNFC), Shanghai Fisheries Group, Zhejiang Ocean Family, Qingdao Haoyang Ocean Fishery y Dalian Huafeng Aquatic Products. Son barcos de bandera argentina, con tripulación y permisos argentinos, que pescan legalmente dentro del mar territorial y cuya renta se define en Beijing, Shanghái o Dalian.

La ventaja no es solo de escala. Según ese mismo trabajo, el calamar capturado por empresas de capital chino ingresa a China con tratamiento equivalente al de producto propio, lo que le permite esquivar aranceles e impuestos que sí pagan los competidores de capital local. En 2025 la Argentina exportó unas 193.000 toneladas de calamar por USD 550 millones y China compró 124.000 de esas toneladas por USD 337 millones: casi dos tercios del negocio. A eso se suma la presión desde afuera del límite: en la milla 201 operan cada temporada cerca de 500 buques extranjeros, en su enorme mayoría chinos, que capturan el mismo recurso migratorio sin pagar derechos ni declarar capturas.

El patrón se repite en la región. La misma flota que bordea el Mar Argentino entre diciembre y junio cruza hacia el Pacífico y se instala frente a Perú y Ecuador, donde el calamar gigante alimenta la misma cadena de frío y los mismos puertos de destino. Montevideo funcionó durante años como base logística de esa flota, hasta que las denuncias por transbordos y condiciones laborales a bordo obligaron a endurecer los controles. La diferencia argentina es de grado y de forma: acá el capital chino no se limita a pescar en el borde, compró la flota de adentro. Es el mismo mecanismo que el Observatorio viene registrando en el litio y en el cobre —participaciones accionarias en sociedades locales antes que desembarcos con bandera propia—, aplicado esta vez a un recurso renovable y, por eso mismo, agotable si se lo sobreexplota.

La ambigüedad es evidente. Las exportaciones crecen, el empleo formal del sector sumó 965 puestos desde noviembre de 2023; al mismo tiempo, la especie estrella pierde valor y la estructura de propiedad concentra en un solo origen las decisiones sobre cuánto y cómo se pesca. Quedan preguntas abiertas: quién controla la trazabilidad real de las capturas, qué margen le queda a la Argentina cuando el comprador también es el dueño del barco, y por qué el Estado nacional discute cláusulas de origen para trenes y puertos pero no exige transparencia societaria en una flota que opera dentro de su propio mar.

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