El gobierno de Santa Catarina anunció el 27 de octubre que United Imaging Healthcare, fabricante chino de equipos de diagnóstico por imágenes con sede en Shanghái, levantará en Joinville su primera planta en América Latina. La inversión declarada es de R$ 535 millones —cerca de USD 100 millones al cambio actual— sobre unos 8.000 metros cuadrados en el Perini Business Park, con una dotación prevista de entre 200 y 500 empleados. La fábrica producirá resonadores magnéticos, tomógrafos y equipos de radioterapia oncológica, y debería empezar a operar en el segundo semestre de 2027. El anuncio se hizo en Florianópolis, con el gobernador Jorginho Mello y una delegación encabezada por el presidente de la compañía, Qiang Zhang. Las negociaciones llevaron cerca de un año e incluyeron recorridas por los puertos de Itajaí, Navegantes e Itapoá.
United Imaging cotiza en el mercado STAR de Shanghái y en los primeros nueve meses de 2026 facturó 10.580 millones de yuanes, un 19,4% más que un año antes, con ingresos internacionales de 3.000 millones de yuanes: un salto del 50,3% que ya representa el 28,3% de su facturación total. Declara más de 41.000 equipos entregados en más de cien países y 17.000 instituciones de salud como clientes, además de 170 autorizaciones del regulador chino, 84 marcas CE europeas y 79 habilitaciones 510(k) de la FDA estadounidense. La contraparte es el Estado de Santa Catarina, que no anunció exenciones impositivas sino algo más prosaico: acompañamiento en las licencias ambientales y un galpón construido a medida.
El dato que explica la jugada está en el mercado de equipos de imágenes, históricamente repartido entre la estadounidense GE HealthCare, la alemana Siemens Healthineers y la holandesa Philips. United Imaging viene ganando terreno en China —2,2 puntos de participación en lo que va del año— y ahora empuja afuera, donde el crecimiento es tres veces más rápido que en su mercado de origen. Fabricar dentro de Brasil acorta plazos regulatorios ante la Anvisa, reduce costos logísticos de equipos voluminosos y, sobre todo, habilita el acceso a las compras públicas del Sistema Único de Salud, donde los bienes producidos en el país pueden recibir márgenes de preferencia. No es una fábrica para exportar: es una fábrica para vender adentro del mercado más grande de la región.
El caso confirma un desplazamiento del capital chino en América Latina: de la minería y la energía hacia la manufactura pegada al consumo final, el mismo movimiento que llevó a BYD a Camaçari y a Great Wall Motor a Iracemápolis. La comparación con la Argentina es incómoda. En 2025 el país importó desde China USD 483 millones en aparatos ópticos, médicos y de precisión, según datos de Comtrade de las Naciones Unidas, y en febrero de 2026 el Gobierno reformó el régimen de importación para habilitar el ingreso de equipamiento médico usado y reacondicionado, modificando facultades de la Anmat. Mientras Brasil discute dónde poner la planta, la Argentina discute cómo abaratar la compra. Tampoco ayuda el instrumento disponible: el RIGI apunta a proyectos de gran escala y vocación exportadora, con umbrales que una planta de USD 100 millones orientada al mercado interno difícilmente alcance.
La ambigüedad del anuncio está en qué significa exactamente «fabricar»: la nota oficial no precisa cuánto habrá de producción local y cuánto de ensamblado final de subconjuntos importados, ni si habrá ingeniería propia en Joinville. Tampoco se publicó el desglose de los R$ 535 millones ni los compromisos asumidos por cada parte: las cifras son las que difundieron el gobierno estadual y la empresa. Hay una asimetría adicional, menos visible: estos equipos generan datos clínicos y la compañía declara más de cuarenta dispositivos con inteligencia artificial autorizados por la FDA, un terreno que la región todavía no reguló. Y queda la pregunta de fondo para la Argentina, que no es sobre China sino sobre sí misma: si va a ser un mercado o un productor.
