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El comercio con China se dio vuelta: las ventas argentinas cayeron 50,6% en agosto y el rojo anual llega a USD 5.075 millones

Contenedores y comercio exterior: el déficit comercial argentino con China se profundizó en agosto de 2026

Fuente: BAE Negocios / INDEC

La Argentina le vendió a China apenas USD 562 millones en agosto, un 50,6% menos que un año atrás, mientras las compras al gigante asiático treparon a USD 1.735 millones, un 13,9% más. El resultado de ese cruce es un rojo bilateral de USD 1.173 millones en un solo mes: el déficit más grande que la Argentina registró con cualquiera de sus socios comerciales. En los primeros ocho meses del año el saldo negativo con China acumula USD 5.075 millones, con exportaciones por USD 6.155 millones e importaciones por USD 11.230 millones. El dato choca de frente con la foto general: el país cerró agosto con un superávit global de USD 2.187 millones —el trigésimo tercer mes consecutivo en azul— y suma USD 18.249 millones en lo que va de 2026. El agujero está concentrado en un solo destino.

La composición de ese intercambio explica buena parte de la asimetría. Lo que sale hacia China es angosto y primario: la carne bovina congelada deshuesada representó el 47% de los despachos de agosto y el carbonato de litio completó el podio. Lo que entra es industrial y masivo: los teléfonos celulares explicaron el 23,2% de todo lo importado desde China, seguidos por automóviles, insecticidas y fungicidas y máquinas de procesamiento de datos. Del lado local, la contraparte exportadora son los frigoríficos habilitados por Beijing y los proyectos de litio de la Puna, varios de ellos operados o controlados por capital chino —Ganfeng en Salta y Jujuy, Zijin en Catamarca—, de modo que una porción del mineral que figura como exportación argentina viaja entre filiales de la misma casa matriz.

El derrumbe de agosto tiene una explicación técnica: las ventas de poroto de soja cayeron 85,3% interanual, después de un 2025 atípico en el que la baja transitoria de retenciones empujó embarques extraordinarios de grano sin procesar hacia China. Pero la volatilidad es el síntoma, no la enfermedad. En el primer semestre las exportaciones al mercado chino habían crecido 59,1% y el déficit igual sumó USD 3.092 millones. China concentra hoy el 22,9% de todo lo que la Argentina importa y apenas el 9,2% de lo que exporta. Sobre ese desequilibrio trabaja el Gobierno con un paquete que incluye siete protocolos sanitarios pendientes —frutas, pesca, aviar, menudencias—, una negociación arancelaria recíproca y una plataforma estatal de comercio electrónico, con una misión oficial encabezada por Karina Milei y Pablo Quirno que todavía no tiene fecha confirmada.

La comparación regional deja a la Argentina en una posición incómoda. Brasil sostiene superávit con China apoyado en soja, hierro y petróleo; Chile y Perú hacen lo propio con el cobre, y Perú sumó el megapuerto de Chancay, que proyecta pasar de cuatro a quince muelles. La Argentina llega con una canasta más corta, sin salida propia al Pacífico y con protocolos sanitarios que se negocian de a uno. En el mismo mes de agosto, el intercambio con Estados Unidos dejó un superávit de USD 152 millones y el de Brasil un déficit de USD 309 millones: ninguno se acerca al tamaño del rojo chino.

La ambigüedad del momento es evidente. Mientras el Gobierno alinea su política exterior con Washington y escribe cláusulas que limitan a las estatales chinas en licitaciones como la del Belgrano Cargas, la economía real profundiza la dependencia: China financia reservas vía swap, provee los bienes de consumo que sostienen el nivel de precios y compra la carne y el litio que equilibran la balanza. Quedan tres preguntas abiertas. Si el déficit se corrige recortando importaciones chinas, ¿qué sustituye a los celulares y a los agroquímicos que hoy llegan de allá? Si se corrige exportando más, ¿alcanzan la carne y el litio para mover una aguja de esta magnitud? Y si el litio que se exporta pertenece a empresas chinas, ¿cuánto de ese superávit buscado sería realmente argentino?

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