Fuente: El Cronista / Nuevo Mundo San Juan
A más de 4.500 metros de altura, en plena cordillera sanjuanina, se va a levantar una ciudad que no se construye en la Argentina: llega fabricada desde China. Es la ampliación del campamento Batidero, base logística del proyecto de cobre Vicuña, que en su etapa final deberá alojar a entre 3.500 y 5.000 trabajadores y alcanzar unas 8.000 camas. La nueva fase suma 2.000 camas a las 1.500 ya instaladas. La oferta ganadora para proveer los módulos ronda los USD 52 millones, contra unos USD 70 millones que costaba producirlos en el país. La cuenta que inclinó la balanza es brutal en su simpleza: fabricar en China cuesta cerca de USD 500 el metro cuadrado más unos USD 200 de flete; hacerlo acá, alrededor de USD 1.300. La obra completa de la etapa, adjudicada en junio, se estima en USD 200 millones.
El contrato quedó en manos de un consorcio mixto bajo modalidad EPC —ingeniería, provisión y construcción—. Lo lidera PowerChina, el brazo de infraestructura del Estado chino que opera en la Argentina desde 2016 en parques solares y eólicos; la fabricación modular corre por cuenta de Beijing Chengdong, con más de 4.000 obras de este tipo en el mundo; y la parte local —movimiento de suelos, fundaciones y montaje— queda para la santafesina RAFA S.A. Del otro lado está Vicuña Corp., la sociedad entre la anglo-australiana BHP y la canadiense Lundin Mining que controla Josemaría y Filo del Sol. El capital chino no entra al yacimiento: entra a la cadena de proveedores del yacimiento. Una posición menos visible y, por volumen, probablemente más rentable.
El dato regulatorio que explica por qué esto importa ahora tiene número: en junio de 2026 el Gobierno aprobó el ingreso de Vicuña al RIGI con una inversión declarada de USD 9.700 millones, el mayor proyecto minero del país. El régimen otorga beneficios fiscales, cambiarios y aduaneros por 30 años, e incluye la liberación de aranceles a la importación de bienes de capital. El mismo instrumento diseñado para atraer inversión abarata la compra de módulos chinos frente a los fabricados en Santa Fe o San Juan. La cámara de proveedores mineros sanjuaninos lo dijo sin vueltas por boca de su presidente, Fernando Godoy: “Con los chinos no podemos competir en precio”. La empresa responde que exige incorporar proveedores y trabajadores argentinos donde haya capacidades competitivas, y que el 95% de su plantel es argentino y el 73% de los empleados directos, sanjuanino.
El patrón no es exclusivo de San Juan. En Perú, Chancay mostró cómo China puede quedarse con la infraestructura que ordena el comercio sin ser dueña de la carga. En Brasil, el antidumping a los laminados de acero chinos plantea el mismo dilema en la industria pesada. Y el año local ya dejó el interés de la estatal CMEC por el cordón portuario del Paraná, el pedido de Ganfeng para entrar al RIGI con USD 3.000 millones en Salta y el desembarco de King Long en el transporte del AMBA. Con el campamento de Vicuña se dibuja una constante: el capital chino avanza menos por la adquisición espectacular y más por la provisión —módulos, colectivos, fibra óptica, equipos—, donde su escala industrial es imbatible y donde ningún comité de seguridad nacional revisa la operación.
La ambigüedad del caso es didáctica. El proyecto que el Gobierno exhibe como pieza de su alineamiento con Estados Unidos —cobre para la transición energética occidental, operado por capitales anglo-australianos y canadienses— se construye, literalmente, con piezas chinas. La asimetría no es sólo geopolítica: es de productividad. Una diferencia de 2,6 veces en el costo del metro cuadrado no se corrige con discursos ni con leyes de compre local, y esa brecha explica por qué la metalmecánica argentina pierde incluso en el mercado que el propio Estado generó con exenciones. Quedan preguntas que conviene no responder rápido: ¿el RIGI compra inversión o subsidia importaciones? ¿Qué sentido tiene una ley de proveedores locales si el régimen nacional neutraliza su efecto? ¿Y quién mide, treinta años después, cuánto del encadenamiento prometido quedó en la cordillera y cuánto en un puerto de Tianjin?
