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Una presa inflable de Beijing para el río Luján: la hidráulica estatal china toca la puerta de la Provincia

Presa inflable de fabricacion china como la que la Provincia de Buenos Aires analiza instalar en el rio Lujan

Fuente: Infocielo / DangDai

El ministro de Infraestructura y Servicios Públicos bonaerense, Gabriel Katopodis, recibió el 10 de septiembre a una delegación de Beijing IWHR Corporation (BIC), una firma estatal china especializada en obras hidráulicas que llegó con una propuesta concreta: instalar sobre el río Luján una presa inflable de 42,5 metros de longitud y 2,25 metros de altura operativa. La estructura funcionaría como obra de regulación de estiajes dentro del proyecto de Adecuación del Tramo Medio, que abarca seis municipios —Campana, Escobar, Exaltación de la Cruz, Luján, Mercedes y Pilar— y se financia con crédito del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF). Se trata de membranas de tejido recubierto de caucho ancladas a una base de hormigón armado: infladas operan como aliviadero, desinfladas dejan pasar las crecidas. En el mundo funcionan unas 4.500; en la Argentina, ninguna.

BIC no es una pyme de ingeniería. Pertenece en un 100% al China Institute of Water Resources and Hydropower Research (IWHR), el principal organismo de investigación hídrica del país asiático, dependiente del Ministerio de Recursos Hídricos. Fue creada en 1992 con un capital registrado de 60 millones de yuanes y funciona como el brazo comercial del instituto. La delegación que llegó a La Plata la encabezaron Dou Liwei, directora ejecutiva, y Gao Benhu, jefe de Ingeniería especializado en riego; del lado argentino participaron el subsecretario Guillermo Sauro y cuadros técnicos de la Subsecretaría de Recursos Hídricos y de la Dirección Provincial de Hidráulica. El contacto tampoco fue una misión comercial formal: los ejecutivos habían viajado a Tucumán para un congreso del Comité Argentino de Presas.

Lo que todavía no hay es número. La Provincia no informó el costo de la presa, no anunció una licitación ni identificó una fuente de financiamiento, y tampoco confirmó si BIC acercó una propuesta crediticia atada al equipamiento, la fórmula habitual con la que las empresas chinas entran a los mercados de infraestructura de la región. El detalle no es menor: si la obra se apalancara en un préstamo externo, Buenos Aires necesitaría autorización del Gobierno nacional en los términos de la Ley 25.917 de Responsabilidad Fiscal, y cualquier empréstito debería pasar por la Legislatura bonaerense con dos tercios de los votos. Un intercambio técnico puede quedar en nada; un crédito chino abre un expediente político.

El antecedente pesa. La obra hidráulica más grande que China financió en el país —las represas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic sobre el río Santa Cruz, con China Gezhouba Group a la cabeza— lleva una década de idas y vueltas: esta misma semana el Gobierno giró USD 29,3 millones al contratista con la obra prácticamente detenida. En la región, el caso testigo es Coca Codo Sinclair, la hidroeléctrica que Sinohydro construyó en Ecuador con crédito chino y que arrastra miles de fisuras en su distribuidor. La contracara son los proyectos chicos y sin deuda soberana: San Luis acaba de sumar dos parques solares de capitales chinos por más de USD 20 millones. La presa del Luján se parece más a lo segundo que a lo primero —es una pieza de equipamiento, no una central—, pero llega por el mismo canal.

La ambigüedad está a la vista. Katopodis celebró que la presa inflable “transforma una limitación hidráulica en un activo paisajístico, recreativo y energético para la comunidad”, y el argumento técnico es razonable: el tramo medio del Luján necesita regular estiajes sin agravar las inundaciones que golpean al noroeste bonaerense. Pero la asimetría aparece antes que el contrato. La Argentina no fabrica presas inflables ni tiene experiencia operativa con esa tecnología: quien vende el equipo define el diseño, provee los repuestos y capacita a quienes van a operarlo. Quedan las preguntas de siempre: cuánto cuesta, quién lo paga, con qué condiciones, y si habrá licitación abierta o compra directa justificada por especificidad técnica. Que una provincia negocie infraestructura con Beijing mientras la Nación alinea su política exterior con Washington agrega una capa más: el vínculo con el capital chino en la Argentina ya no pasa sólo por la Casa Rosada.

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