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China abre su mercado a la carne y el pescado de EE.UU.: la tregua de USD 60.000 millones que le compite a la Argentina

Cosecha de soja y comercio agricola entre China y Estados Unidos

Fuente: Infobae / Agrolatam

Beijing y Washington anunciaron este lunes un recorte arancelario cruzado que alcanza a importaciones por 60.000 millones de dólares, 30.000 millones por lado. El paquete extiende la tregua comercial hasta el 10 de enero y viene acompañado de un compromiso chino de compras agrícolas estadounidenses por 17.000 millones de dólares anuales entre 2026 y 2028, más un piso de 25 millones de toneladas de soja por año y 10 millones de toneladas de carbón anuales para 2027 y 2028. Cerca del 30% de las exportaciones estadounidenses a China gana mejor acceso. Lo que importa para la Argentina está en la letra chica: la lista china de rebajas incluye maíz, trigo, sorgo, carne, lácteos, aceites vegetales, harinas, pescado y mariscos. La soja quedó expresamente afuera del recorte y mantiene el arancel del 10%, pero entra por la ventana del compromiso de volumen.

Del lado estadounidense negoció el representante comercial Jamieson Greer; del chino, el Ministerio de Comercio. En la mesa no hubo nadie de América Latina, y sin embargo la lista de rubros rebajados es casi un espejo de lo que la Argentina le vende a China. La carne vacuna argentina acumuló 403.100 toneladas y 2.768 millones de dólares en los primeros siete meses de 2026, según el Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas, con China como destino del 59,8% del volumen. La pesca aporta otros 455 millones de dólares al año, con la flota calamarera fuertemente china. Son, uno por uno, los productos que ahora entran más baratos desde Estados Unidos.

El dato regulatorio que define el tamaño del problema es el precio. La carne argentina deshuesada se despacha a China a 6.010 dólares la tonelada, mientras Estados Unidos coloca cortes enfriados a 17.540 y congelados a 7.590 dólares. La Argentina vende volumen en la franja barata del mercado chino, y es exactamente esa franja la que acaba de perder protección arancelaria relativa. A eso se suma el sistema de cuotas: fuera de cuota, el arancel chino a las carnes trepa al 55%, y Brasil ya consumió el 98,5% de su habilitación anual, cerca de 1,1 millones de toneladas. Esa saturación le abrió a la Argentina una ventana que los analistas describen como estrecha y transitoria.

El resto de la región está igual de expuesto. Brasil controla el 71% de las importaciones chinas de soja y es el que más tiene para perder si el poroto estadounidense recupera terreno: los precios en Chicago ya subieron 12% desde junio. Para la Argentina el golpe es más indirecto —precios internacionales, márgenes de molienda, primas de exportación— pero se apila sobre un cuadro comercial ya deteriorado: las ventas argentinas a China cayeron 50,6% en agosto y el rojo bilateral acumulado llega a 5.075 millones de dólares. El contraste con el otro carril de la relación es elocuente. Mientras el flujo comercial se decide en una negociación donde la región no tiene silla, el capital chino sigue avanzando sobre los activos: participaciones en los salares de litio, el megapuerto de Chancay, la flota pesquera.

Ahí está la asimetría que conviene mirar de frente. La Argentina es proveedora de commodities en la franja de menor valor y compradora de manufactura china en la de mayor valor, sin instrumentos para incidir cuando las dos potencias reacomodan sus flujos. El acuerdo tampoco resuelve el fondo: deja intactas las disputas por tecnología y minerales críticos. Las preguntas quedan abiertas. Qué pasa el 10 de enero si la tregua no se renueva. Si el swap y el financiamiento chino compensan lo que se pierde por el lado comercial, o si son dos cosas que no se cancelan. Y si la relación con China se le está volviendo a la Argentina un vínculo de inversión sin comercio, con el capital entrando a los recursos y las exportaciones dependiendo de decisiones que se toman en otra mesa.

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