Fuente: El Cronista
El Gobierno argentino prepara un paquete de medidas para intentar dar vuelta el desequilibrio comercial con China, que en el primer semestre de 2026 dejó un rojo de USD 3.092 millones. Los números oficiales muestran un movimiento en dos direcciones: las exportaciones argentinas al gigante asiático treparon 59,1% interanual hasta USD 4.891 millones, mientras que las importaciones desde China cayeron 3,8% y se ubicaron en USD 7.983 millones. Aun con esa mejora, la brecha sigue siendo la mayor que la Argentina registra con cualquier socio comercial. El plan que se arma en despachos oficiales combina cuatro patas: siete protocolos sanitarios pendientes —frutas, productos de la pesca, aves y menudencias—, un esquema de logística inversa que aprovecharía las bodegas vacías de los aviones que llegan cargados de paquetes del comercio electrónico chino, una plataforma estatal llamada Tienda País para vender directo al consumidor chino, y una negociación arancelaria bilateral.
Del lado argentino, la conducción del paquete recae en la Cancillería que encabeza Pablo Quirno y en la Secretaría General de la Presidencia a cargo de Karina Milei, las dos figuras que encabezarían una misión oficial a Beijing todavía sin fecha confirmada: la ventana de septiembre choca con compromisos internacionales de la agenda presidencial. Del lado chino, la llave real no está en el Ministerio de Comercio sino en la Administración General de Aduanas (GACC), el organismo que habilita cada protocolo sanitario y que suele demorar años en cada aprobación. La pata más novedosa involucra indirectamente a Shein y Temu: las plataformas que en los últimos dos años inundaron el mercado argentino de envíos puerta a puerta pasarían a ser, en el esquema oficial, el vehículo logístico para abaratar el flete de salida de productos argentinos.
El dato regulatorio explica por qué el desequilibrio es estructural y no coyuntural. La canasta argentina hacia China está concentrada en un puñado de commodities —poroto y aceite de soja, carne vacuna, cebada, litio— cuyo valor depende de precios internacionales que la Argentina no fija. Del otro lado llegan manufacturas de mayor valor agregado: autopartes, electrónica, maquinaria, vehículos. Cada protocolo sanitario nuevo agrega un producto a la columna exportadora, pero lo hace de a uno y con plazos que se miden en años, no en trimestres. La caída de 3,8% en las importaciones, además, dice menos sobre una estrategia comercial que sobre el ciclo interno de la actividad.
La comparación regional ordena la escala. El déficit argentino con China en el primer semestre casi duplicó el saldo negativo con el Mercosur, que ronda los USD 1.900 millones y se explica sobre todo por importaciones industriales brasileñas, según Prensa Mercosur. Brasil y Chile llegaron antes a la mesa de los protocolos y hoy exportan a China una canasta agroalimentaria más diversificada; Perú, con el puerto de Chancay, apostó a la infraestructura como palanca logística. La Argentina, en cambio, sigue discutiendo la habilitación de menudencias y productos de la pesca mientras su superávit comercial global —cercano a los USD 13.900 millones en el semestre— se construye con otros destinos.
Desde el Observatorio, el paquete merece una lectura en dos planos. En el primero, es una reacción sensata: nadie corrige una asimetría comercial sin ampliar el menú de lo que vende. En el segundo, aparecen las preguntas incómodas. Un Gobierno que en el plano geopolítico profundiza su alineamiento con Washington necesita simultáneamente que Beijing le abra ventanillas sanitarias y le sostenga el swap: la ambigüedad no es un desliz, es el método. Y el instrumento estrella del plan tiene un costado parádojico: convertir la infraestructura logística del comercio electrónico chino —el mismo que presiona al comercio minorista local— en el canal para exportar productos argentinos implica profundizar la dependencia de un sistema diseñado, operado y financiado desde China. Queda abierta la pregunta de fondo: ¿la Argentina está negociando una relación más equilibrada o simplemente pidiendo mejores condiciones dentro de una asimetría que no discute?
