China irrumpe en la infraestructura digital de Latinoamérica con nuevos cables submarinos

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Para muchos países latinoamericanos, la iniciativa llega en un momento en el que la región necesita conexiones más rápidas, baratas y fiables para sostener su transformación digital.​

China está intensificando su apuesta por el control de la infraestructura digital global y ha puesto a América Latina en el centro de su estrategia, con una nueva generación de cables submarinos que promete mejorar la conectividad con Asia, pero también dispara las alertas geopolíticas en Occidente.

Para muchos países latinoamericanos, la iniciativa llega en un momento en el que la región necesita conexiones más rápidas, baratas y fiables para sostener su transformación digital.​

Cables submarinos, el nuevo terreno de disputa

Los cables submarinos de fibra óptica —las “autopistas ocultas” de la economía digital— concentran alrededor del 99% del tráfico internacional de datos y resultan críticos para servicios como cloud, redes sociales, comercio electrónico o vídeo en streaming. Quien financia, construye y gestiona estos sistemas gana influencia sobre los flujos de datos, los costes de conectividad y la dirección del desarrollo tecnológico, convirtiendo esta infraestructura en un activo tanto económico como estratégico.​

Del “Chile–China Express” a la tensión con Occidente

El movimiento más reciente de Pekín en la región es el proyecto de cable “Chile–China Express”, que conectaría directamente Chile con Hong Kong y reduciría la dependencia de rutas dominadas por Europa y Estados Unidos. El acuerdo de principio con las autoridades chilenas ha desatado recelos por la falta de transparencia en plazos, presupuesto y diseño técnico, alimentando sospechas en Washington y otras capitales occidentales, aunque defensores del proyecto recuerdan que la opacidad ha sido habitual también en iniciativas lideradas por actores estadounidenses y europeos.​

Seguridad, soberanía de datos y acusaciones de doble rasero

Las principales preocupaciones se centran en la estrecha relación entre las empresas chinas y el Estado, en particular por la posibilidad de acceso a datos y cooperación con los servicios de inteligencia bajo la legislación china. Sin embargo, críticos en la región señalan el doble rasero, dado que Estados Unidos y varias potencias europeas también ejercen un fuerte control sobre los datos gestionados por compañías bajo su jurisdicción, lo que coloca a los países latinoamericanos ante el dilema de elegir entre potencias competidoras mientras buscan la mejor oferta económica y tecnológica.​

Huella técnica creciente y oportunidad de desarrollo

China ha consolidado una fuerte capacidad industrial en diseño, fabricación e instalación de cables submarinos, con más de 70.000 kilómetros tendidos en los océanos Atlántico, Pacífico e Índico y participación en al menos 17 sistemas internacionales ya operativos a finales de 2024, además de varios en construcción. Empresas como HMN Tech o FiberHome se han convertido en contratistas globales, con más de 100.000 kilómetros de sistemas suministrados en más de 70 países, incluidos proyectos insulares —como en Maldivas— que han sido valorados positivamente por mejorar la cobertura de banda ancha y la resiliencia digital.​

Un equilibrio delicado para América Latina

Para América Latina, la entrada de China en el negocio de los cables submarinos ofrece una vía de diversificación frente al histórico dominio de operadores estadounidenses y europeos, junto con la promesa de menores costes y mejores prestaciones. Pero esa misma diversificación abre interrogantes sobre dependencia tecnológica a largo plazo, soberanía de datos y autonomía estratégica, en un contexto donde la infraestructura física —aun invisible en el fondo del mar— condiciona economías, relaciones políticas y la vida digital de millones de personas en la región.​

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